TRASEGAR

Ella empezó a caminar. Su marcha era sombra de muerte y paso desolado. Su punta afilada penetraba y su cola metálica quemaba, era diseño de hombres, utilizada por hombres, destructora de hombres.
Su recorrido terminó cuando hurgó, destruyó, rompió. Se incrustó fieramente en la masa gelatinosa del cerebro, haciéndolo estallar contra las paredes blancas del hospital mientras los doctores observaban y analizaban la conducta psicótica.
Al final la bala logró su cometido: matar al artífice… 



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