LIBERTAD

Por: Sherezada



Hace poco, y después de una ardua lucha con Al-Lah, regresé al Islam.

Hoy por cuestiones climáticas (es decir, por culpa del frío y la lluvia constante), usé mi jata alrededor de la cabeza, como ya lo he hecho en otras ocasiones (incluso antes de hacer Chajada), sólo que esta vez fui consciente de las miradas y ojos acusadores de muchos, y en especial, muchas de las transeúntes.

Los que me conocen saben acerca de mi habilidad para meterme en líos gratuitos, y fiel a mis convicciones (que siguen siendo las mismas pues Al-Lah las ha puesto en mi corazón), decidí hacerle la conversación a una mujer en especial, que me miraba con rabia y compasión. La escena fue más o menos así: Me senté a su lado en el bus y cuidadosamente le pregunté la hora. Ella me respondió mientras se removía incómoda, atrapada como estaba en su puesto. Esperé el tiempo prudente y luego le volví a preguntar, esta vez por la ruta sobre la que me encontraba. Como volví a notar su reacción, le pregunté directamente: "Disculpe, ¿la incomodo?"

Entonces continuó el diálogo que transcribo a continuación:

—¿Es usted árabe?

—Árabe no, musulmana sí, ¿por qué?

—Porque me parece el colmo que en pleno siglo veinte haya mujeres que se dejen manejar de esa manera. ¡Porque es irritante ver a alguien tan hueca y sumisa como usted!

¿Cómo podía imaginar yo, que salía de dictar clase a futuros tecnólogos, e iba hacia Ciudad Bolívar a seguir trabajando como coordinadora de proyectos, que me dispararía semejante frase? Con la amabilidad que me caracteriza, le seguí la conversación:

—¿Por qué dice eso?

—Por usted, ¡mírese! No es sino verla para imaginársela pegada a un lavadero, obedeciendo las órdenes de su marido.

De manera instantánea tuve una fugaz imagen mental de mi futuro esposo dándome órdenes y sonreí.

—Que pena, le vuelvo a preguntar, ¿Por qué dice eso?

—Pues porque usted es una de esas tontas que se visten como monjas, y que les lavaron el cerebro diciéndoles que les toca vestirse como tontas para ser mujeres...

Conforme ella iba hablando, caí en cuenta que además de la jata, llevaba falda larga y camisa ancha, lo que reforzaba su imaginario de una mujer "tonta"... o de una hippie loca de los años 60 que vivía en comunidades open mind, pero como llevaba jiyab...

—Despierte mijita, nosotras ahora somos libres, ya no nos tenemos que someter a los hombres...

Entonces recordé el látigo mojado puesto al sol, que mi futuro esposo trenzó con tanto cariño para mí...

—Usted puede trabajar y mantenerse solita, y no tiene que andar por ahí, ojalá Dios la ilumine y pueda entender...

—Mire, yo no me someto a nadie, si me visto así es porque yo lo decido... —empecé a explicar, pero no pude continuar porque ella, indignada, se levantó, me pidió permiso y salió del puesto, dejándome con la palabra en la boca para bajarse del bus.

Luego de tal escena, con la mente un poco divida entre la obediencia a mi futuro esposo y el recuerdo de su látigo, empecé a preguntarme: ¿qué acaba de suceder?

La respuesta llegó a mí esta noche como una epifanía: había sido testigo de un acto de libertad occidental en su máxima potencia.

En una sociedad donde el egoísmo es la marca dominante, la creencia en la superioridad humana se ha convertido en el dogma, y el paroxismo de libertad femenina ha sido la desnudez, prostitución y cosificación de mil maneras distintas. La norma de ser libre se ha convertido en una imposición y no en una opción.

Pero no es la libertad de ser y vivir, no es ser libre de cualquier manera, es ser libre a SU manera, comprando las ideas que nos venden. Es la libertad que nos da usar unas Converse originales, aunque no tengamos para comprar el mercado. La libertad de someternos a cirugías estéticas en busca de la confianza y la autoestima que no encontramos en el espejo por las mañanas. La libertad de comprar a manos llenas y bolsillos vacíos cuando la depresión nos recuerda la soledad en la que estamos inmersos. En fin, la libertad que te venden en vallas de brillantes colores y valiosos minutos de televisión.

Yo apoyo la libertad del poder ser, del que busca su camino y lo recorre, del que vive cada día consciente de que su bien estar depende del de otros, y que su estar bien afecta a los demás. Esa es la libertad en la que creo y en la que creeré, aun cuando me vista de mil maneras. La otra libertad, la que me grita que debo convertirme en objeto de deseo, la que me susurra que la belleza cuesta y que una mujer fea no vale, la que me hace una compradora y me motiva a fumar para verme sexy, esa libertad la rechazo y la denuncio como falsa.

Hoy no usé jiyab, pero pienso hacerlo cada vez más permanente en mi vestuario, y cuando alguien me mire o me rechace por creer tener derecho a decidir sobre mi libertad, haré lo que siempre hago: sonreír.

"No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna."  Mahatma Gandhi.

"Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?"  Arturo Graf.

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