¿CUANTAS EXTENSIONES NAVIDEÑAS SE NECESITAN PARA MATAR A UN NIÑO DE SED?

Por: Sherezada.


La navidad es la sociedad de consumo.
Skp



En Colombia estamos en ESTADO DE EMERGENCIA (así, con mayúscula, para que se note la gravedad del asunto). Nuestros campos, calles, ciudades y planicies están inundadas, los ríos se desbordan, no hay canales ni muros de contención que soporten la fuerza del agua, nuestras montañas se deslizan hasta su base y con todo esto la gente sufre: las familias están sin hogar, los padres sin trabajo, las madres velando hijos, todos aguantando frio. Pero a pesar de este panorama tan desolador, de la tristeza que reina en el país, aún tenemos una luz de esperanza: estamos en navidad.

No importa si los niños en Potosí, Caracolí, San Joaquín y otros barrios periféricos de Bogotá se quedaron sin casa: Debemos recolectarles juguetes porque estamos en Navidad. ¿Se han preguntado qué van a hacer las familias damnificadas con carros de juguete y muñecas anoréxicas?

Cuando era niña la navidad era mucho más que juguetes y ropa nueva, incluso hubo navidades en que estos requisitos no fueron indispensables para celebrar. Para mí la navidad era la época de ver a toda la familia, en que las mujeres se reunían alrededor del fuego mientras los hombres abrían círculos de palabra, para hablar de la vida y los acontecimientos de cada uno. Era una época sagrada donde sin importar el trabajo, los problemas, los reveses de la vida, la familia se reunía para compartir.

Ahora veo una navidad donde lo importante es comprar, comprar, comprar: comprar juguetes, comprar ropa, comprar comida, comprar trago, comprar consciencia, comprar felicidad, comprar familia. Una época en donde la accidentalidad se incrementa un 75%, donde las muertes por conducción en estado de ebriedad aumentan el 80%, donde los suicidios y las muertes violentas aumentan el 50%, y me pregunto: ¿Por qué si la navidad es la época más feliz del año, las estadísticas parecen contradecir los villancicos?

Las familias ya no se reúnen para hacer buñuelos porque los pueden comprar, la reunión familiar se trasladó de la casa de la matrona o el patrón familiar al centro comercial más cercano o con más tiendas en oferta. Los que tienen más de 20 años recordarán las largas jornadas como electricistas improvisados arreglando las eternas luces de navidad, que ya constituían parte del patrimonio familiar. Ahora las luces son desechables, en diciembre se produce más basura no reciclable que en el resto del año. Además en mi casa siempre se pusieron las luces de navidad el día de las velitas, como manda la tradición [1], y así también se hacía en centros comerciales y cuanta casa respetable existiera. Ahora están bajando los adornos del día de las brujas y poniendo las luces. ¿No se han dado cuenta que las ofertas de navidad empiezan en noviembre?

Yo no entiendo lo de las temporadas navideñas, donde la moda se toma la Navidad (según comentarios de las desgualamidas presentadoras de farándula) y la moda este año son los pequeños muñecos en sus casas, que hace dos años los moños de colores, que los moños de un solo color grandes, que regresaron las tradicionales lágrimas y bolas. ¿Cuándo se fueron? ¿Para dónde?

Es tan grande la comercialización que se ha creado en torno a la navidad, que ahora ya no se pueden envolver las eternas bolas de cristal rojas en el papel periódico para el siguiente año, sino que hay que estar pendiente de la tendencia navideña para comprar, comprar, comprar y comprar.

Todo esto sin contar con la invasión yanqui a las casas navideñas. Después de las propagandas de coca-cola de la década de los 90, el rojo y blanco se convirtieron en los colores de la navidad. Cuando camino por las calles bogotanas de hoy, me pregunto por qué carajos ponen renos en los techos: ¿Cuándo se ha visto un reno en la sabana? Pongan venados si quieren, o el muy tradicional curí, aunque claro, un roedor gigante al lado de un hombre con una panza cervecera monumental, pedófilo y depresivo (por que una persona que se deja ver solo una vez al año sufre de depresión) no combina mucho, pero hasta así tiene más lógica que un desubicado reno. Estoy cansada de ver duendes, gnomos y toda suerte de representaciones de gente pequeña, como si se le estuviera celebrando el cumpleaños a Blancanieves.

Es tan grande la comercialización de la navidad y la gente se ha comido tanto el cuento, que ya no se preguntan por qué se sienten mal en la supuesta época más feliz del año. Nos han vendido la idea de que la navidad es para celebrar y en este país (por desgracia) no hay celebración sin rumba ni rumba sin trago, pero esas hermosas celebraciones terminan en peleas, puñaladas y una visita al hospital más cercano.

No entiendo cómo no se dan cuenta que la Navidad ahora no es sino la época de más venta, cada día durante el año muchos publicistas, ejecutivos, creativos y demás se matan la cabeza organizando cómo venderle cosas a la gente en diciembre, cómo incentivar a los niños para que pidan los juguetes caros, cómo motivar a las personas para hacerles creer que sólo si estrenan pueden ser felices. Durante meses envían propaganda depresiva para que los clientes se sientan solos y compren compulsivamente, toda la publicidad está enfocada en las mujeres para que ellas arrastren a la familia. En navidad el sentimiento de vacío y soledad que se experimenta en la sociedad occidental se incrementa porque se asume que el otro está feliz y que se encuentra pleno y realizado, entonces están los que intentan demostrar su felicidad a toda costa comprando a todos: el padre maltratador que durante esta época atiende a sus hijos y los complace, la madre descuidada que compra el cariño de los que olvida, el hermano odioso que comparte, el jefe abusador que recompensa con una ancheta o una fiesta etcétera, etcétera, etcétera. Pero lo cierto es que estos comportamientos no están motivados por sentimientos reales sino porque hay que demostrar que en navidad se está bien, que la familia está unida y que somos felices.

Mi esposo me explicaba que en navidad el trago se acaba como si una catástrofe hubiera arrasado el planeta. No me había dado cuenta pero es así, Bavaria contrata personal temporal para esta época porque no da abasto, al igual que discotecas, bares y hasta supermercados. La producción de alcohol en el país SE TRIPLICA [2] y esto debido principalmente a que es la época más feliz del año, pero como en ocasiones la gente es rebelde y no se siente muy feliz, entonces buscan la felicidad en el fondo de una botella.

Ahora no celebro la navidad, como muchas otras de las fechas comerciales, pero mi última navidad la recuerdo con cariño porque la celebramos con unos amigos, decidimos hacernos regalos los unos a los otros para no comprarlos y el 24 a media noche estábamos totalmente sobrios, jugando. Muchos pensarán que es un plan aburrido, pero es divertido cuando se cuenta con gente divertida, y puedo decir a ciencia cierta que en mi última navidad fui feliz.

Estamos en una emergencia invernal gravísima, en parte por el abuso al que hemos sometido a la Tierra. Miles de campesinos, indígenas, mujeres, niños, hombres, miles de colombianos están en la calle, no tienen siquiera un pedazo de terreno para construir, viven en los techos de sus casas inundadas, en escuelas destartaladas o en estadios medio derruidos. A todos ellos podemos ayudarles en lugar de comprar y comprar felicidad embotellada, tranquilidad etiquetada con marcas reconocidas. Podemos compartir lo poco o mucho que tenemos con nuestros hermanos, simplemente podemos decirle NO al juego comercial de la Navidad y compartir de verdad.

Los invito a que apaguen las luces para evitar un desperdicio de electricidad tan grande, que eviten visitar las luces para no avalar los millones que se gastan en iluminar la ciudad con flores de plástico [3], los invito para que busquen una época de amor y paz en su corazón, sea el mes que sea, y para que olviden lo que nos han vendido: que la felicidad se compra.



Posdata. Si usted tiene luces navideñas en su casa este dato le interesa: una extensión de 100 bombillos gasta durante un mes el agua con la que podría vivir un niño en África durante el mismo tiempo. Por cada extensión encendida, matamos a un niño de sed.

El planeta es uno, la humanidad es una, las consecuencias son para todos.


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NOTAS

[1] Aprovechando que este texto es interactivo, quisiera preguntar cuántos de los que encienden velas o luces la noche del 7 de diciembre saben la razón de esta tradición.

[2] Fuente: Revista Dinero, edición noviembre del 2010.

[3] Con el gasto en iluminación navideña de los últimos 5 años, se podría haber construido un sistema completo de contención para el rio Tunjuelo, que actualmente tiene inundadas tres localidades de la capital.

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